A pocas cuadras de Córdoba y Medrano, el spa cervecero invita a vivir un momento diferente

Por fuera sólo se ve un portón. La persiana metálica negra tiene pintado el logo de Té de Lúpulo, nada más. Ni carteles, ni marquesina. Eso y un timbre. Por la puerta del costado atiende Javier, que junto a su amigo Pablo son los dueños del spa.

Javier está descalzo e invita a pasar a una sala de recepción. El clima en Té de Lúpulo ya está preparado para la relajación: luz cálida y tenue, velas encendidas por varios rincones, una mesa central con jabones, aceites y cuencos con maltas de diferentes tipos y lúpulos. Hay un aroma relajante que, en un principio parece incienso, pero después se puede apreciar que es lúpulo.

Tanto Pablo como Javier hablan bajo. La recepción comunica con un pasillo que tiene varias puertas, en cada una de ellas, se realizan las distintas sesiones que Té de Lúpulo ofrece. Salen dos chicas al pasillo. Son las masajistas. Ambas se llaman Lucía y, cuando los clientes comentan en redes su paso por Té de Lúpulo, felicitan “a Lucía” pero nunca se puede adivinar cuál de las dos.

La entrevista se hará en una de las habitaciones del lugar. Al ingresar, hay un colchón de dos plazas en el suelo y un escritorio. Si bien el gabinete de la computadora de escritorio está al costado del mueble, tanto el monitor como el teclado y el mouse están sobre las sábanas que cubrían el colchón. La charla, finalmente, se hará con Javier, dado que Pablo se tuvo que ir al poco tiempo. Las paredes tienen adornos relacionados con el concepto que ofrece Té de Lúpulo: experiencias.

¿Cómo surgió la idea de ponerse un spa de cerveza?

Conocíamos esta propiedad que ya tenía un sauna y un hidromasaje en el fondo y que nunca se habían usado. Desconozco si los antiguos dueños querían poner un spa y se arrepintieron. Cuando me enteré de que había un spa de cerveza en Republica Checa, quise hacerlo acá. Laburamos diez meses antes de abrir, decorando y ambientando todo para diseñar las experiencias que ofrecemos hoy en día. Investigamos todo lo necesario sobre este rubro y arrancamos.

Es un lugar que todavía consideramos que está en construcción. Nosotros tenemos seis meses desde que abrimos. Previo a eso, hubieron diez meses de preparación. De todas formas, como suele suceder, cuando abrimos teníamos algunas cosas claras que fueron mutando y otras se mantuvieron.

¿Cuál es el concepto que tiene Té de Lúpulo?

El concepto tiene que ver con el uso de la materia prima de la cerveza en beneficio del cuerpo, para su descanso, placer y relajación. Lo usamos en jabones, aceites, el propio lúpulo, en flor o molido, de igual manera que la malta. La levadura la comemos, usamos lúpulo para aromatizar el sauna y malta para exfoliar. Tenemos el mismo concepto que los spa cerveceros de todo el mundo.

¿Cómo es la dinámica de los servicios?

En Té de Lúpulo tenemos dos dinámicas: circuitos y masajes. Los circuitos son de a dos, tres y cuatro personas, con un tiempo exclusivo para circular en diferentes momentos que vinculen el cuerpo y la cerveza. Los circuitos duran entre una hora y veinte y dos horas. Los masajes son con aceite de lúpulo y malta como exfoliante. Tenemos un sauna, un hidromasaje, una ducha multifunción y un espacio para masajes. Cada uno de esos lugares construye una estación de la experiencia. Cada una tiene su propia banda de sonido, creada especialmente para la experiencia, y su selección de cervezas.

¿Qué formato y qué marcas de cerveza manejan?

Trabajamos con porrones, embotelladas. Casi todas de afuera, pero pueden ser algunas artesanales de acá. Fuimos variando mucho porque a veces lo que encontrás, al poco tiempo deja de llegar. Nos enamoramos de una cerveza polaca hace unos meses y dejó de venir, así que, vamos variando. En la actualidad traemos Coopers, Cape Horn, Cusqueña, Hertog Jan, la Frontier de Fullers, Petrus y algunas más. También tenemos hidromiel y algunos whiskys lupulados, cercanos a la cerveza.

¿Cómo las van sirviendo? ¿En qué momento?

Buscamos cervezas de alta tomabilidad en los primeros momentos del circuito y más complejas llegando al final, como para maridarlas con la experiencia. El sauna va previo a cualquier ingesta de alcohol, a partir de ahí las damos. De hecho, al principio se come la malta y se juega sin alcohol y de ahí se arranca. También trabajamos con cervezas sin alcohol para los que no puedan tomar, como mujeres embarazadas, y con cervezas sin gluten para celíacos. Al principio de un circuito arrancamos con lagers y terminamos con una Tripel o algo más alcohólico.

¿Qué los distancia de los spa tradicionales?

Nosotros no le debemos nada al spa. No tenemos que responder a lo que se cree que es un spa tradicional. Si nosotros queremos jugar con un masaje, y la gente lo avala y le gusta, eso será un masaje. Si la masajista te quiere tirar en la espalda flores de lúpulo y con eso trabajarte la espalda y vos lo sentiste bien, entonces ahí hubo un tratamiento. Hay gente que va a otros spa de renombre y no salen relajados. Algunos salen más tensionados que cuando entraron, porque el agua no estaba como la persona quería, o la temperatura del sauna estaba mal, no se encontraba la toalla, no supo usar la ducha escocesa. Ahí es donde el objetivo de la relajación fracasa. En Té de Lúpulo, el objetivo central no es la relajación, es que vivas una experiencia. La relajación puede ser una experiencia, pero no la única.

¿Qué otras experiencias se pueden vivir que no sean la de relajación?

Tiene que pasar algo. A algunos se les da por la relajación, a otros por el lado del sueño, otros por la pérdida de referencia en tiempo y espacio, otros por el placer. Si no hay experiencia, falla. Quien espera encontrarse una gran cantidad de cerveza y de comida y se decepciona, ahí es donde no hubo experiencia. Hubo una falla y, o no pudo entrar, o nosotros no supimos cómo hacer para que entre en la experiencia. Cuando entrás en la experiencia, no contabilizás. De hecho, no distinguís qué es cerveza, qué es vapor, masajes y todo se convierte en un combo que funciona. Cuando se combinan elementos que por separado los distinguís, pero que todos juntos forman algo más, ahí es donde sucede algo.

¿Cuál es el público de Té de Lúpulo?

El público está muy vinculado al precio que vos tenés. Sabemos que hay quien nos consulta y, cuando ven el precio, desisten, pero no podemos bajar los costos. No puedo decir qué público puede llegar a venir, pero puedo decir qué público vino hasta ahora: casi siempre, fueron parejas traídas, en una gran mayoría, por las mujeres. Después, han venido también grupos de amigas.

Están teniendo cada vez más popularidad…

El negocio es muy errático: hay días donde no hay nada y de golpe tenés ocho ventas en una jornada. Es medio “un chino” esto. Es parecido a los juegos de escape o como los de romper cosas. Son cosas muy suntuosas e innecesarias y hay que revalidar todo el tiempo que a alguien le interesa.

¿Innecesarias?

No son de primera necesidad. Es como ir al teatro a ver una obra cara. Hay que incorporarlo despacio como una opción que puede ser posible. Cuando a la gente no le alcanza, son este tipo de cosas las que se cortan primero. Estaría bueno que se instale como opción y que no seamos el único spa de cervezas para que se haga más conocido todo esto.

¿Qué proyectos tiene Té de Lúpulo para este año?

Vamos a cambiar algunas cuestiones edilicias. Además, queremos sumar nuevas estaciones a las diferentes experiencias y buscamos que esto siga creciendo, que se multipliquen las recomendaciones y que podamos mantener lo que tenemos. Es difícil tener un negocio, pero nos hacemos conocidos por las referencias de boca en boca. Una de las metas que también tenemos es la de abrir otras sucursales para que, como decía, se conozca no sólo la marca, sino el concepto del spa cervecero.

Por Alejandro Tellería

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