El legendario escritor y periodista cervecero pasó por Argentina en 1998 y probó las cervezas nacionales

Parafraseando a Sting, Hace 20 años llegaba un extranjero, un extranjero legal, un inglés en la Patagonia. Mientras en el verano de 1999 Argentina se preparaba para las elecciones presidenciales sumida en la incertidumbre política y económica (cuando no), Michael Jackson publicaba una nota de un viaje que había hecho septiembre del año anterior. Allí se dio una vuelta por Bariloche y el Bolsón para continuar con su inagotable, y ya legendaria, caza se birras.

En el artículo titulado “Fui a la Patagonia”, el periodista y escritor cuenta sus andanzas en este país. “Esquivando el Hotel Presidente Perón, y ciertamente el Hotel Islas Malvinas, elegí por su sonido benigno al Hotel Edelweiss”, cuenta con ironía en su relato. ¿Y con quien habló el mítico Michael Jackson en su paso por el sur? Con Julio Migoya y Nicolás Silin, fundadores de Blest, quienes le contaron la historia del origen de esta cervecería pionera.

En su crónica, destacó el esfuerzo y rebusque de los cerveceros que tenían dificultades para conseguir insumos y que se equipaban con lo que podían. “La malta era un problema. Los socios tenían que persuadir personalmente al ejecutivo de una maltería para que los proveyera, y aun así no están especialmente seguros del arreglo. Construyeron su propio tostador rotante para convertir la malta pálida a Crystal, Munich y Negra, comparando los colores de fotografías de una revista”, escribió.

“Fue Brad Page junto a directivos de la empresa JV Northwest, quienes hacen equipos de muy alta calidad para la elaboración de cerveza artesanal, quienes nos hicieron el contacto. Ellos vinieron a hacer una gira por Argentina y Chile para vender equipos y cuando averiguaron quiénes estaban en Argentina, nos vinieron a ver”, recuerda Julio Migoya sobre el encuentro.

Además, el fundador de Blest agregó para A la fresca!: “Yo a Jackson lo conocía por los libros, nunca lo había visto hasta ese entonces. Eran libros que te daban manija y te entusiasmaban para después meterte en el tema y descubrir estilos que, acá y en esa época, eran desconocidos. Ahora parece todo muy fácil, pero en ese momento no había nada”.

El autor de la “Guía Mundial de la Cerveza” reseñó las birras de la cervecería. “Se sirven sin filtrar. La cerveza básica, con un ligera fragancia y amargor del lúpulo, es floral y refrescante. Se identifica como Pilsen”, comentó. También constató que la Bock “tiene una modesta densidad de 1052, con una ligera pero delicada maltosidad y agradables sabores a chocolate amargo”. También probó una Scotch Ale: “dulce, suave, ligeramente afrutada y con nuez”.

Migoya aprovechó para contar los detalles de ese encuentro en la fábrica que duró entre dos y tres horas y que, después, se fueron a almorzar. “Probamos cervezas y nos sacamos un montón de fotos. Era un tipo muy austero, muy callado, muy serio, observador, estudioso y muy profesional. El que más charlaba era Brad Page”, comenta Migoya entre risas.

Lo que sorprendió a Jackson es que “semejantes cervezas interesantes tengan que hacerse en una parte tan remota de un país donde las insípidas marcas nacionales tocan el segundo violín frente al vino”. Si estuviera vivo hoy y pudiese ser testigo del crecimiento artesanal en Argentina, ¿Qué diría el “cazador de cervezas“?

“Creo que Jackson, además, estaba asombrado porque, en países del primer mundo como Inglaterra o Estados Unidos, compran lo mejor que tienen y nosotros nos las teníamos que arreglar con lo que había. Diseñábamos nuestros propios equipos, los mandábamos a construir y algo con lo que allá se hacía con cien, nosotros lo solucionábamos con diez. No había maltas especiales y las teníamos que tostar nosotros para hacer Bock y Scotch, explica Migoya.

Continuando su safari cervecero, Jackson se dirigió a El Bolsón, donde visitó los lupulares de Cascade y conoció a Juan-Carlos Bahlaj, dueño de la cervecería homónima de esa localidad.

Jackson paladeó la Golden Lager, llamada “Blanca” que “era muy frutada para el estilo, pero el resto de su rango estaba delicioso” y disfrutó especialmente de una cerveza de Cassis, “el mejor ejemplo” que alguna vez probó de ese estilo. Cuando, además, le sirvieron cordero patagónico asado con batatas, se quiso quedar para siempre.

Antes de irse, Michael Jackson tuvo la oportunidad de probar un sorbo de argentinidad pura. Volvió a Bariloche para tomar el vuelo de regreso, pero cuando llegó con su acompañante, les dijeron que el vuelo fue reprogramado. Cuando protestaron, el personal de la aerolínea explicó: “Así es la Patagonia”. Más bien, así es Argentina, papá.

El artículo original (en inglés) completo AQUÍ

Por Facundo Rodríguez Saura

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