Somos lo que comemos y lo que tomamos

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El costo de una birra condiciona al consumidor en tiempos de crisis, pero es importante pensar en el acompañamiento ¿cómo cambió el consumo en estos tiempos?

En una juntada entre dos o más argentinos jamás puede faltar la comida y la bebida, incluso, muchas veces es la excusa para la propia reunión. En un contexto donde la economía está en crisis, el costo importa mucho, pero ¿hasta cuánto están realmente dispuestos a gastar en un bar?

El promedio de las personas (54%) gastaría 120 pesos en una pinta, y en su mayoría son jóvenes de entre 18- 25 años. En uno de los extremos de esta encuesta, se encuentran los que eligen pagar hasta cien pesos una pinta, un valor que se podría encontrar durante el Happy Hour o en algún bar de barrio y representan al 17% del total. En su mayoría, prefieren optar por la artesanal, casi tres de cada cuatro, y piden estilos más tradicionales o de iniciación como Golden, Scottish, APA, IPA, y Honey.

La cuestión del precio pareciera no influir tanto en su preferencia de cervezas industriales frente a las artesanales o viceversa. Entre el 26% y el 31% de los encuestados sigue eligiendo la industrial por sobre la artesanal, independientemente de su precio. De hecho, sólo uno de ellos se ha insertado alguna vez en el mundo de la elaboración propia de cerveza y, en cuanto a los estilos preferidos, no suelen ser muy extravagantes y eligen los más tradicionales. Esta tradición viene de la mano de la historia que ya tienen las marcas industriales en nuestro país, en cada una de las casas donde, si se tomaba cerveza, era alguna marca embotellada.

En el otro de los extremos, están los que eligen comprar una pinta a un precio de 160 pesos o más. Ellos también mantienen la elección de estilos tradicionales, pero se observa la aparición de algunos estilos más complejos como la Old Ale, la Barley Wine, las Sour y todos los estilos lupulados, puntualmente, las NEIPA. La persistencia de ciertos estilos más habituales en las pizarras, a pesar del precio, nos hace ver que los consumidores en general no pagan más por ciertos estilos que por otros, sino que lo que se puede pagar por una pinta es una cuestión relativa y puramente de presupuesto.

Desde el comienzo de esta tendencia algunas cosas han cambiado y otras no tanto. Está claro que el consumidor ha ido tomando conciencia de ciertos estilos y se ha animado a ensanchar el paladar. El reinado de la Honey parece estar acabando y, si bien es un estilo bastante pedido todavía, solo un 30 por ciento la eligen. La IPA se logró mantener estos últimos años, instalando el amargor en el paladar de los argentinos, sin importar el costo, y transformándose en la más elegida, ya que más de la mitad de los consumidores encuestados la toman por sobre los demás estilos.

Por detrás vienen la Porter y la Stout, que después de varios años han logrado establecerse como unos de los estilos más tradicionales siendo las segundas más elegidas. Sin embargo, el acompañamiento de estos dos estilos no se suele aparejar con su correcto maridaje, ya sea por desconocimiento o por falta de oferta. Por su parte la Golden y la Scottish que también se desarrollaron en un principio, han quedado algo relegadas en relación a las otras, pero se mantienen en la pizarra gracias a un 27 por ciento que aún las eligen. Los estilos más complejos, como la NEIPA, han empezado a ganar terreno en el último tiempo y si bien está lejos de la popularidad de una IPA, un 22 por ciento opta por ella, a pesar de que su costo suele ser elevado.

Finger food y tapeo son palabras que están ya en boca de todos desde que aparecieron en las cartas de los bares. ¿A qué se le llama tapeo? Todos los bares tienen una oferta similar de comida para acompañar la cerveza. La primerísima son las papas fritas en sus diferentes formas y aderezos. Son por excelencia el acompañamiento para todas las birras, y consiguió separarse definitivamente de la hamburguesa, dos comidas muy asociadas sobre todo por los combos de las grandes cadenas de comidas rápidas. Las rabas, los aros de cebolla, los bastones de muzzarella, y en algunos casos las picadas son también parte del menú de los bares. A su vez, son cada vez más los locales donde se pueden encontrar opciones vegetarianas y celíacas, incluyendo cervezas.

Esta oferta seleccionada del bar hace que la mayoría de los consumidores no estén familiarizados con el maridaje. No lo hacen porque el bar no le ofrece esa experiencia y/o no conocen qué estilo va mejor con cada comida. Todo se combina con las mismas comidas, y si bien gustan, el cliente toma la oferta que tiene y la hace costumbre, cuyo único resultado es acotar una experiencia gastronómica que podría ser mucho más enriquecedora.

Los gustos y las tendencias de los consumidores muchas veces están atados a lo que les gusta o lo que más se vende. Sin embargo, en otros casos la demanda está muy atada a la oferta de los comercios. ¿Es por una cuestión de costo? ¿Es para que el ticket promedio no se eleve tanto? Parar la oreja y observar a los clientes: conocerlos, muchas veces será la mejor opción para ofrecer lo mejor de lo que cada uno pone para el mundo craft.

Por Pilar González Iturralde

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